La última campaña de American Eagle, protagonizada por la actriz Sidney Sweeney, ha desatado una ola de críticas por parte de usuarios en redes sociales y analistas culturales, tras utilizar un controvertido juego de palabras entre “jeans” (vaqueros) y “genes” (material genético).
El contenido ha sido interpretado por algunos como una insinuación de superioridad racial, generando acusaciones de racismo e incluso referencias a ideologías eugenésicas.
En los videos promocionales, Sweeney aparece pronunciando frases como: “Los genes se heredan de tus padres, determinando aspectos como el color de ojos, el cabello o la personalidad.
Yo tengo genes azules”, así como “Mi figura está definida por mis genes” y “Seguro que desearías tener estos genes”.
La repetida alusión a la genética, combinada con la imagen de una actriz rubia de ojos claros, ha sido considerada por críticos como una glorificación implícita de ciertos rasgos fenotípicos asociados históricamente a narrativas de supremacía blanca.
Aunque la controversia ha captado la atención del público y provocado intensos debates en plataformas digitales, el impacto bursátil ha sido todo lo contrario a lo que cabría esperar en una crisis reputacional.
Desde el lanzamiento de la campaña, las acciones de American Eagle Outfitters (AEO) han registrado un aumento del 22 %, reflejando la aparente indiferencia del mercado frente al escándalo o, incluso, una reacción positiva por la visibilidad generada.
Este fenómeno reabre el debate sobre la desconexión entre la percepción pública y el comportamiento del mercado, así como sobre el papel de la controversia como posible motor de resultados financieros en el corto plazo.