
Primero, la pasta. Nvidia ha empezado a exigir pagos por adelantado a sus clientes en China para el chip de inteligencia artificial H20, su versión adaptada a las restricciones de exportación impuestas por Estados Unidos. El movimiento no es casual: Pekín aún no ha dado luz verde definitiva a los envíos y, según diversas fuentes del sector, incluso ha pedido a varias tecnológicas locales que congelen temporalmente nuevas órdenes.
El entorno regulatorio se ha vuelto más exigente. Las autoridades chinas están evaluando no solo la aprobación de los envíos, sino también qué proporción de chips nacionales debe adquirirse junto con cada H20 importado, una medida que refuerza la estrategia de autosuficiencia tecnológica del país y reduce la dependencia de proveedores estadounidenses.
El H20 es una pieza clave para Nvidia en el mercado chino, uno de los mayores polos de crecimiento en inteligencia artificial. Sin embargo, la exigencia de prepago refleja el aumento del riesgo comercial y político, trasladando parte de la incertidumbre al comprador final.
Competidores chinos: menos potencia, más respaldoMientras Nvidia navega estas restricciones, los fabricantes chinos de chips de IA ganan protagonismo. Empresas como Huawei (Ascend 910B y 910C), Cambricon, Biren Technology o Moore Threads están acelerando su desarrollo de soluciones para centros de datos y entrenamiento de modelos.
Aunque estos chips todavía presentan desventajas frente a Nvidia en términos de eficiencia energética, rendimiento por vatio y ecosistema de software —especialmente CUDA—, cuentan con dos ventajas estratégicas: respaldo estatal y ausencia de controles de exportación. En un entorno regulatorio hostil, eso puede inclinar decisiones de compra, incluso si el rendimiento es inferior.
Análisis fundamental: Nvidia sigue fuerte, pero con grietasDesde el punto de vista fundamental, Nvidia continúa mostrando una de las estructuras financieras más sólidas del sector tecnológico. El crecimiento explosivo del negocio de centros de datos y la demanda ligada a la IA han impulsado ingresos, márgenes y generación de caja a niveles históricamente elevados.
No obstante, China introduce un factor de riesgo relevante. Las limitaciones al H20 afectan a la visibilidad de ingresos futuros y refuerzan la dependencia de Nvidia de mercados como Estados Unidos, Europa y Oriente Medio. Además, el avance de soluciones locales chinas podría consolidar, a medio plazo, un ecosistema paralelo menos dependiente de Nvidia, algo que el mercado empieza a descontar en términos de expectativas de crecimiento.
A nivel de valoración, NVDA sigue cotizando con múltiplos exigentes, sostenidos por su liderazgo tecnológico. Cualquier señal de desaceleración estructural —y China es una de ellas— incrementa la sensibilidad del valor a noticias regulatorias y resultados trimestrales.
Análisis técnico: tendencia alcista, pero con volatilidadEn el plano técnico, la acción de Nvidia mantiene una estructura alcista de fondo, respaldada por una secuencia de máximos y mínimos crecientes en el largo plazo. No obstante, tras las fuertes subidas acumuladas, el precio se mueve en una fase de consolidación, con episodios de alta volatilidad ligados a resultados y titulares geopolíticos. Los indicadores técnicos reflejan un mercado exigente: el impulso se ha moderado y el valor necesita catalizadores claros para retomar movimientos direccionales sostenidos.
Sin embargo, a corto plazo, parece dejarlos un set-up potente de acumulación, para volver a buscar pinchar los máximos históricos. Se nos presenta una trade con un ratio riesgo beneficio bastante sugerente.
NVDA 4H

El caso del chip H20 es un ejemplo claro de cómo la geopolítica está reconfigurando la industria de los semiconductores. Nvidia sigue siendo el referente indiscutible en inteligencia artificial, pero China ya no es un mercado sencillo ni garantizado. La combinación de presión regulatoria y avance de competidores locales introduce incertidumbre en una historia de crecimiento que, hasta ahora, parecía imparable.
Para el inversor, Nvidia sigue siendo un valor estratégico, pero cada vez más expuesto a factores políticos y a la fragmentación del mercado global de chips.